Dormir ocho horas seguidas por las noches no es la norma, es un mito

Durante toda la vida nos han dicho que lo saludable es dormir ocho horas seguidas al día. Pero ¿en qué se basa? ¿No hay otras formas saludables de dormir?
Foto: No todos necesitamos dormir ocho horas a diario. (Robert Recker/Corbis)
No todos necesitamos dormir ocho horas a diario. (Robert Recker/Corbis)
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Durante toda la vida nos han dicho que lo saludable es dormir ocho horas seguidas al día. Se trata de una cifra comúnmente aceptada que, aunque muchos no alcancemos, consideramos ideal. Pero ¿en qué se basa? ¿No hay otras formas saludables de dormir?Lo cierto es que hay numerosos estudios científicos que atacan esta idea tan extendida en nuestra sociedad. Y no son nuevos. En la década de los 90 el psiquiatra Thomas Wehr dejó a oscuras a un grupo de personas 14 horas diarias durante un mes. A la cuarta semana los individuos habían adquirido un patrón de sueño muy diferente al esperado: primero dormían durante cuatro horas y luego se despertaban durante una o dos antes de caer en otro sueño de cuatro.

Hoy en día puede parecer un patrón de sueño extravagante, y poco saludable, pero como han mostrado numerosos historiadores, el sueño bifásico (dividido en dos segmentos) fue el más habitual hasta la llegada de la luz artificial.

Los humanos dormían en dos periodos de dos horas, separados por una fase de vigilia en mitad de la noche que duraba una hora o más“El patrón de sueño dominante, desde tiempos inmemoriales, era bifásico”, asegura Roger Ekirch, historiador del sueño de la Universidad Virginia Tech y autor de At Day´s Close: Night in Times Past (W. W. Norton & Company, 2006). “Los humanos dormían en dos bloques de cuatro horas, separados por un periodo de vigilia en mitad de la noche, que duraba una hora o más. Durante este tiempo, algunas personas se quedaban en la cama, rezaban, pensaban sobre sus sueños o hablaban con sus maridos. Otras se levantaban y realizaban diversas tareas e, incluso, visitaban a sus vecinos antes de volver a la cama”.

Las referencias a un “primer sueño” o “sueño profundo” y un “segundo sueño” o “sueño matutino” abundan en todo tipo de textos de la época preindustrial, pero a medida que se fue extendiendo el uso de la luz eléctrica este tipo de sueño bifásico se fue olvidando y desapareció por completo. “Ahora la gente lo llama insomnio”, explica Ekirch, que está convencido de que muchos trastornos del sueño no son más que distintas formas de dormir.

¿Existen patrones de sueño alternativos?

La realidad es que, siguiendo nuestra obsesión por regularlo y controlarlo todo, hemos olvidado que no todos tenemos los mismos patrones de sueño. Puede que algunas personas se adapten bien al sueño monofásico propio de las ocho horas seguidas, pero otras no necesitan dormir tanto, o se adaptan mejor a otros patrones.

“Todos somos diferentes”, asegura Matt Bianchi, director de la división del sueño del Hospital General de Massachusetts en un artículo de Business Insider. “Algunas personas beben cafeína y se alteran, otras no. Así que hay personas que se ajustan mejor al sueño polifásico y otras que se duermen en el coche y tienen un accidente”.

Hay muchas personas, no precisamente improductivas, que sabemos tenían agendas de sueño polifásicas. Leonardo da Vinci, Thomas Edison, Nikola Tesla, Buckminster Fuller o Margaret Tatcher, entre otros muchos, dormían como mucho cuatro horas por la noche, pero echaban una pequeña siesta a lo largo del día. Se trata, además, de un fenómeno muy extendido en el reino animal. Según un estudio publicado en 2007 en el Journal of Sleep, la mayoría de especies duermen siguiendo agendas polifásicas.

Además del monofásico y el bifásico, hay tres patrones de sueño experimentales, que diversas personas aseguran haber logrado seguir con éxito:

  • Dymaxion

Esta agenda del sueño lleva el nombre de una marca ideada por el visionario diseñador estadounidense Buckminster Fuller, acrónimo de dynamic, maximum y tension. El famoso arquitecto se apañaba con cuatro siestas de 30 minutos cada 6 horas, lo que le permitió dejar una prolífica obra. ¿Su secreto? No lo sabemos con certeza, pero su biógrafo J. Baldwin asegura que era capaz de quedarse dormido en sólo 30 segundos.

  • Uberman

Se trata esta de una agenda de sueño ideada por Pure Doxyk, una mítica investigadora amateur del sueño polifásico, muy popular entre los defensores de formas distintas de dormir. Consiste en seis siestas de entre 20 y 30 minutos cada cuatro horas. En total se duerme unas tres horas al día.

Steve Pavlina, un conocido speaker motivacional,  probó suerte con esta agenda y asegura que le fue muy bien. Regresó al sueño monofásico por aburrimiento.

  • Everyman

Supuestamente fue Pure Doxyk de nuevo quien inventó esta agenda: un sueño de tres horas al día más tres siestas de 20 minutos. La pionera durmiente experimental asegura que se trata de una versión mejorada de Uberman, que permite gestionar mejor el tiempo a lo largo del día.

Una teoría muy discutida

Hay personas que parecen adaptarse con facilidad a este tipo de horarios del sueño pero, en ningún caso, deben probarse si se planea conducir, operar maquinaria pesada o tomar decisiones importantes en el periodo de adaptación. No todos podemos seguir este tipo de horarios, y quizás tengas que volver a dormir como lo hacías antes.

Los críticos de los patrones de sueño polifásicos –que abundan– insisten en que este tipo de agendas no permiten alcanzar la fase de sueño REM, supuestamente, la más profunda de todas. Sus defensores, por el contrario, insisten en que no sabemos a ciencia cierta para qué sirve ésta, y no hay evidencias que demuestren que las personas duerman peor por no alcanzarla. “Probablemente tengo una visión más cínica que el resto, pero no creo que sepamos qué parte del sueño [la fase REM o la que no] es más reparadora”, asegura Bianchi.

Muchos de los trastornos del sueño son provocados por la ansiedad que nos causa levantarnos en medio de la noche, algo que puede ser completamente normalHay estudiosos que creen que las personas que logran seguir una agenda polifásica con total normalidad tienen una diferencia genética respecto al resto de la población. Se sabe que hay personas, entre el 1 y 3 % de la población, que pueden sobrevivir sin problemas durmiendo una o dos horas al día. Esto se debe a una mutación del gen DEC2 que permite a estas personas dormir menos de la cuenta.  

¿Puede el resto de la población probar con éxito una de las agendas polifásicas propuestas? No está nada claro. Hay mucho camino que recorrer todavía para saber qué pasa exactamente en nuestro cerebro durante las distintas fases del sueño, y las consecuencias de dormir mucho menos de la cuenta (hay que recordar que algunas de estas agendas están pensadas para descansar sólo tres horas), no han sido estudiadas en el largo plazo.

De lo que no cabe duda es de que la convicción de que es necesario dormir ocho horas es sólo una convicción. No está nada claro que sea adecuada para toda la gente, y mucho menos que tengamos que dormir del tirón. Muchos de los trastornos del sueño son provocados por la ansiedad que nos causa levantarnos en medio de la noche, sin saber qué hacer. Quizás sólo forme parte de tu patrón natural de sueño, levántate, haz algo productivo, y vuelve a la cama pasada una hora. Quizás es una solución mucho más eficaz que tomar una pastilla.

This article originally appeared on El Confidencial