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¿Qué es la tecnología CRISPR/Cas9 y cómo nos cambiará la vida?

La tecnología CRISPR/Cas9 es una herramienta molecular utilizada para “editar” o “corregir” el genoma de cualquier célula. Eso incluye, claro está, a las células humanas. Sería algo así como unas tijeras moleculares que son capaces de cortar cualquier molécula de ADN haciéndolo además de una manera muy precisa y totalmente controlada.  Esa capacidad de cortar el ADN es lo que permite modificar su secuencia, eliminando o insertando nuevo ADN.

Las siglas CRISPR/Cas9 provienen de Clustered Regularly Interspaced Short Palindromic Repeats, en español “Repeticiones Palindrómicas Cortas Agrupadas y Regularmente interespaciadas.” La segunda es el nombre de una serie de proteínas, principalmente unas nucleasas, que las llamaron así por CRISPR associated system (es decir: “sistema asociado a CRISPR”).

¿Cómo surgió?

Todo comenzó en 1987 cuando se publicó un artículo en el cual se describía cómo algunas bacterias (Streptococcus pyogenes) se defendían de las infecciones víricas. Estas bacterias tienen unas enzimas que son capaces de distinguir entre el material genético de la bacteria y el del virus y, una vez hecha la distinción, destruyen al material genético del virus.

CRISPR/CAS9

Streptococcus pyogenes

Sin embargo, las bases de este mecanismo no se conocieron hasta más adelante, cuando se mapearon los genomas de algunas bacterias y otros microorganismos. Se encontró que una zona determinada del genoma de muchos microorganismos, sobre todo arqueas, estaba llena de repeticiones palindrómicas (que se leen igual al derecho y al revés) sin ninguna función aparente. Estas repeticiones estaban separadas entre sí mediante unas secuencias denominadas “espaciadores” que se parecían a otras de virus y plásmidos. Justo delante de esas repeticiones y “espaciadores” hay una secuencia llamada “líder”. Estas secuencias son las que se llamaron CRISPR (Repeticiones Palindrómicas Cortas Agrupadas y Regularmente interespaciadas”). Muy cerca de este agrupamiento se podían encontrar unos genes que codificaban para un tipo de nucleasas: los genes cas.

Secuencias

Las secuencias repetidas del CRISPR. Tomado de: Karginov FV y Hannon GJ. Mol Cell 2010

Cuando un virus entra dentro de la bacteria toma el control de la maquinaria celular y para ello interacciona con distintos componentes celulares. Pero las bacterias que tienen este sistema de defensa tienen un complejo formado por una proteína Cas unida al ARN producido a partir de las secuencias CRISPR. Entonces el material génico del virus puede interaccionar con este complejo. Si ocurre eso, el material genético viral es inactivado y posteriormente degradado. Pero el sistema va más allá. Las proteínas Cas son capaces de coger una pequeña parte del ADN viral, modificarlo e integrarlo dentro del conjunto de secuencias CRISPR. De esa forma, si esa bacteria (o su descendencia) se encuentra con ese mismo virus, ahora inactivará de forma mucho más eficiente al material genético viral. Es, por lo tanto, un verdadero sistema inmune de bacterias.

Proceso CRISPR

Proceso por el que el sistema CRISPR/Cas9 inactiva virus e integra parte de sus secuencias en el genoma de la bacteria.

Durante los años subsiguientes se continuó la investigación sobre este sistema, pero no fue hasta el año 2012 en el que se dio el paso clave para convertir este descubrimiento, esta observación biológica en una herramienta molecular útil en el laboratorio. En agosto de este año un equipo de investigadores dirigido por las doctoras Emmanuelle Charpentier en la Universidad de Umeå y Jennifer Doudna, en la Universidad de California en Berkeley, publicó un artículo en la revista Science el que se demostraba cómo convertir esa maquinaria natural en una herramienta de edición “programable”, que servía para cortar cualquier cadena de ADN in vitro. Es decir, lograban programar el sistema para que se dirigiera a una posición específica de un ADN cualquiera (no solo vírico) y lo cortaran.

CRISPR

Jennifer Doudna y Emmanuelle Charpentier

La manera en que lo lograron es demasiado compleja para lo que pretende este blog. Baste simplemente decir que se utilizan unos ARNs que dirigen el sistema hacia el ADN que hay que cortar.

¿Cómo se edita el ADN con esta tecnología?

Todo comienza con el diseño de una molécula de ARN (CRISPR o ARN guía) que luego va  a ser insertada en una célula. Una vez dentro reconoce el sitio exacto del genoma donde la enzima Cas9 deberá cortar.

El proceso de editar un genoma con CRISPR/Cas9 incluye dos etapas. En la primer atapa el ARN guía se asocia con la enzima Cas9. Este ARN guía es específico de una secuencia concreta del ADN, de tal manera que por las reglas de complementariedad de nucleótidos se hibridará en esa secuencia (la que nos interesa editar o corregir). Entonces actúa Cas9, que es una enzima endonucleasa (es decir, una proteína que es capaz de romper un enlace en la cadena de los ácidos nucléicos), cortando el ADN. Básicamente podemos decir que el ARN guía actúa de perro lazarillo llevando a Cas9, el ejecutor, al sitio donde ha de realizar su función.

CRISPR

En la segunda etapa se activan al menos dos mecanismos naturales de reparación del ADN cortado. El primero llamado indel (inserción-deleción) hace que, después del sitio de corte (la secuencia específica del ADN donde se unió el ARN guía), bien aparezca un hueco en la cadena, bien se inserte un trocito más de cadena. Esto conlleva a la perdida de la función original del segmento de ADN cortado.

Un segundo mecanismo permite la incorporación de una secuencia concreta exactamente en el sitio original de corte. Para esto, lógicamente, hemos de darle a la célula la secuencia que queremos que se integre en el ADN.

Aquí tenéis un vídeo explicativo del sistema:

Problemas que puede tener

En principio tiene dos pegas técnicas que han de ser corregidas (ya se está en ello). La primera viene derivada del hecho de que la especificidad del ARN guía no es total. Es decir, este ARN, puede hibridar, juntarse con más de un sitio en el genoma, lo que llevaría a que la enzima Cas9 cortara en un sitio que no nos interese. Hay que recordar que el genoma está compuesto por sucesiones de cuatro “letras”, A, T, G, y C, y la posibilidad de que se repita determinada secuencia es alta, sobre todo si la secuencia no es muy larga (es probable que, por ejemplo, la secuencia AAATGGCAATC esté en más de un gen. La probabilidad de repetición disminuye si aumento la longitud de la “palabra”). El segundo punto débil de la técnica se debe a que Cas9 pueda cortar sin que esté presente el ARN guía. Esto se soluciona con enzimas más precisas.

¿Para qué vale?

De manera molecular podemos decir que esta herramienta se podrá utilizar para regular la expresión génica, etiquetar sitios específicos del genoma en células vivas, identificar y modificar funciones de genes y corregir genes defectuosos. También se está ya utilizando para crear modelos de animales para estudiar enfermedades complejas como la esquizofrenia, para las que antes no existían modelos animales.

genoma animal

Mingling y Lingling, dos gemelas de macaco cuyo genoma fue editado por medio de Crispr/Cas9

¿Cómo nos va a cambiar la vida?

Las posibilidades son casi inimaginables. Con la tecnología CRISPR/Cas9 se inaugura una nueva era de ingeniería genética en la que se puede editar, corregir, alterar, el genoma de cualquier célula de una manera fácil, rápida, barata y, sobre todo, altamente precisa. Cambiar el genoma significa cambiar lo esencial de un ser, recordadlo.

En un futuro relativamente cercano servirá para curar enfermedades cuya causa genética se conozca y que hasta ahora eran incurables. Es lo que seguramente muchas veces habréis oído nombrar como terapia génica. Ya se está trabajando con esta tecnología en estas enfermedades como la Corea de Huntington, el Síndrome de Down o la anemia falciforme. Otra aplicación aparentemente futurista, pero no tan quimérica es la reprogramación de nuestras células para que corten el genoma del VIH.

Así, el MIT (Instituto Tecnológico de Massachussets) anunció ya en marzo de 2014 que había conseguido curar a un ratón adulto de una enfermedad hepática (tirosinemia de tipo I) de origen genético utilizando esta tecnología.

Y, sí, como muchos estáis pensando, esta técnica también vale para modificar los genomas de embriones humanos. Sobre las implicaciones éticas y sociales habría que escribir muchos libros, pero no es nuestro objeto aquí.

Además de estas implicaciones sanitarias, también se puede utilizar para mejorar los alimentos transgénicos (desarrollar nuevas variedades de plantas y animales con características genéticas concretas), modificar bacterias y otros microorganismos de uso industrial y alimentario.

Guerra de patentes

La ciencia también tiene una parte “fea”. Y en esta ocasión, como casi siempre, viene derivada de los intereses económicos (obvios) que tiene la tecnología CRISPR/Cas9.

Poco después del famoso artículo de Doudna y Charpentier, en enero de 2013 los laboratorios de George Church en Harvard y Feng Zhang en el Broad Institute del MIT fueron los primeros en publicar artículos demostrando que CRISPR/Cas9 servía para células humanas. Doudna publicó lo propio de manera independiente apenas unas semanas más tarde.

En abril de 2014 Zhang y el Instituto Broad obtuvieron la primera de entre varias patentes generales que cubren el uso de CRISPR en eucariotas. Eso les otorgaba los derechos para usar CRISPR en ratones, cerdos, humanos… prácticamente  en cualquier criatura que no fuera una bacteria.

La velocidad de obtención de la patente sorprendió a algunos. Y fue porque el Instituto Broad había pagado de una manera discreta para que la revisaran muy rápido, en menos de seis meses. Además el proceso se llevó a cabo de una manera casi “secreta”. Junto con la patente llegaron más de mil páginas de documentos. Doudna había presentado antes que la de Zhang, una solicitud de patente. Pero, según Zhang, la predicción de Doudna en su solicitud de que su descubrimiento funcionaría en humanos era una “mera conjetura” y que en cambio él fue el primero en demostrarlo en un acto de invención distinto y “sorprendente”. Para demostrar que fue “el primero en inventar” el uso de  CRISPR-Cas en células humanas, Zhang presentó fotos de cuadernos de laboratorio que según él demuestran que tenía el sistema en marcha a principios de 2012, incluso antes de que Doudna y Charpentier publicaran sus resultados o solicitaran su propia patente. Esa cronología significaría que él descubrió el sistema CRISPR-Cas independientemente. En una entrevista, Zhang afirmó que había hecho los descubrimientos él solo. Al preguntársele qué había aprendido del artículo de Doudna y Charpentier, dijo “no mucho”.

Por otra parte, los abogados de Doudna y Charpentier no se van a quedar de brazos cruzados y se espera que monten un “procedimiento de interferencia” en Estados Unidos, que es un proceso legal en el que el ganador se lo lleva todo y en el que un inventor puede hacerse con la patente de otro.

En el juego de las patentes aparecen implicadas tres start-up para las que el control de esas patentes es clave. Entre esas empresas están Editas MedicineIntellia Therapeutics, ambas de Cambridge, y CRISPR Therapeutics, una start-up de Basilea (Suiza) cofundada por Charpentier. Zhang cofundó Editas Medicine, que en diciembre de 2014 anunció que había comprado la licencia para el uso de su patente al Instituto Broad. Pero Editas no tiene el monopolio sobre CRISPR porque Doudna también fue cofundadora de la empresa. Y desde que salió la patente de Zhang, Doudna ha roto con la empresa, y su propiedad intelectual en forma de su propia patente pendiente de aprobación se ha vendido bajo licencia a Intellia. Para complicar aún más las cosas, Charpentier vendió sus derechos de la misma solicitud de patente a CRISPR Therapeutics.

Por otra parte, cada vez hay más voces que piden que, debido a la gran capacidad de curar enfermedades por parte de CRISPR-Cas9, la tecnología no quede protegida por patente y se deje como acceso público. La propia Charpentier asegura que la tecnología ha sido puesta libremente a disposición de la comunidad investigadora, por lo que no cree que la patente suponga ningún obstáculo al avance científico.

Veremos qué nos depara el futuro.

Este  artículo apareció originalmente en  dciencia.es

Dormir ocho horas seguidas por las noches no es la norma, es un mito

Durante toda la vida nos han dicho que lo saludable es dormir ocho horas seguidas al día. Pero ¿en qué se basa? ¿No hay otras formas saludables de dormir?

Durante toda la vida nos han dicho que lo saludable es dormir ocho horas seguidas al día. Se trata de una cifra comúnmente aceptada que, aunque muchos no alcancemos, consideramos ideal. Pero ¿en qué se basa? ¿No hay otras formas saludables de dormir?Lo cierto es que hay numerosos estudios científicos que atacan esta idea tan extendida en nuestra sociedad. Y no son nuevos. En la década de los 90 el psiquiatra Thomas Wehr dejó a oscuras a un grupo de personas 14 horas diarias durante un mes. A la cuarta semana los individuos habían adquirido un patrón de sueño muy diferente al esperado: primero dormían durante cuatro horas y luego se despertaban durante una o dos antes de caer en otro sueño de cuatro.

Hoy en día puede parecer un patrón de sueño extravagante, y poco saludable, pero como han mostrado numerosos historiadores, el sueño bifásico (dividido en dos segmentos) fue el más habitual hasta la llegada de la luz artificial.

Los humanos dormían en dos periodos de dos horas, separados por una fase de vigilia en mitad de la noche que duraba una hora o más“El patrón de sueño dominante, desde tiempos inmemoriales, era bifásico”, asegura Roger Ekirch, historiador del sueño de la Universidad Virginia Tech y autor de At Day´s Close: Night in Times Past (W. W. Norton & Company, 2006). “Los humanos dormían en dos bloques de cuatro horas, separados por un periodo de vigilia en mitad de la noche, que duraba una hora o más. Durante este tiempo, algunas personas se quedaban en la cama, rezaban, pensaban sobre sus sueños o hablaban con sus maridos. Otras se levantaban y realizaban diversas tareas e, incluso, visitaban a sus vecinos antes de volver a la cama”.

Las referencias a un “primer sueño” o “sueño profundo” y un “segundo sueño” o “sueño matutino” abundan en todo tipo de textos de la época preindustrial, pero a medida que se fue extendiendo el uso de la luz eléctrica este tipo de sueño bifásico se fue olvidando y desapareció por completo. “Ahora la gente lo llama insomnio”, explica Ekirch, que está convencido de que muchos trastornos del sueño no son más que distintas formas de dormir.

¿Existen patrones de sueño alternativos?

La realidad es que, siguiendo nuestra obsesión por regularlo y controlarlo todo, hemos olvidado que no todos tenemos los mismos patrones de sueño. Puede que algunas personas se adapten bien al sueño monofásico propio de las ocho horas seguidas, pero otras no necesitan dormir tanto, o se adaptan mejor a otros patrones.

“Todos somos diferentes”, asegura Matt Bianchi, director de la división del sueño del Hospital General de Massachusetts en un artículo de Business Insider. “Algunas personas beben cafeína y se alteran, otras no. Así que hay personas que se ajustan mejor al sueño polifásico y otras que se duermen en el coche y tienen un accidente”.

Hay muchas personas, no precisamente improductivas, que sabemos tenían agendas de sueño polifásicas. Leonardo da Vinci, Thomas Edison, Nikola Tesla, Buckminster Fuller o Margaret Tatcher, entre otros muchos, dormían como mucho cuatro horas por la noche, pero echaban una pequeña siesta a lo largo del día. Se trata, además, de un fenómeno muy extendido en el reino animal. Según un estudio publicado en 2007 en el Journal of Sleep, la mayoría de especies duermen siguiendo agendas polifásicas.

Además del monofásico y el bifásico, hay tres patrones de sueño experimentales, que diversas personas aseguran haber logrado seguir con éxito:

  • Dymaxion

Esta agenda del sueño lleva el nombre de una marca ideada por el visionario diseñador estadounidense Buckminster Fuller, acrónimo de dynamic, maximum y tension. El famoso arquitecto se apañaba con cuatro siestas de 30 minutos cada 6 horas, lo que le permitió dejar una prolífica obra. ¿Su secreto? No lo sabemos con certeza, pero su biógrafo J. Baldwin asegura que era capaz de quedarse dormido en sólo 30 segundos.

  • Uberman

Se trata esta de una agenda de sueño ideada por Pure Doxyk, una mítica investigadora amateur del sueño polifásico, muy popular entre los defensores de formas distintas de dormir. Consiste en seis siestas de entre 20 y 30 minutos cada cuatro horas. En total se duerme unas tres horas al día.

Steve Pavlina, un conocido speaker motivacional,  probó suerte con esta agenda y asegura que le fue muy bien. Regresó al sueño monofásico por aburrimiento.

  • Everyman

Supuestamente fue Pure Doxyk de nuevo quien inventó esta agenda: un sueño de tres horas al día más tres siestas de 20 minutos. La pionera durmiente experimental asegura que se trata de una versión mejorada de Uberman, que permite gestionar mejor el tiempo a lo largo del día.

Una teoría muy discutida

Hay personas que parecen adaptarse con facilidad a este tipo de horarios del sueño pero, en ningún caso, deben probarse si se planea conducir, operar maquinaria pesada o tomar decisiones importantes en el periodo de adaptación. No todos podemos seguir este tipo de horarios, y quizás tengas que volver a dormir como lo hacías antes.

Los críticos de los patrones de sueño polifásicos –que abundan– insisten en que este tipo de agendas no permiten alcanzar la fase de sueño REM, supuestamente, la más profunda de todas. Sus defensores, por el contrario, insisten en que no sabemos a ciencia cierta para qué sirve ésta, y no hay evidencias que demuestren que las personas duerman peor por no alcanzarla. “Probablemente tengo una visión más cínica que el resto, pero no creo que sepamos qué parte del sueño [la fase REM o la que no] es más reparadora”, asegura Bianchi.

Muchos de los trastornos del sueño son provocados por la ansiedad que nos causa levantarnos en medio de la noche, algo que puede ser completamente normalHay estudiosos que creen que las personas que logran seguir una agenda polifásica con total normalidad tienen una diferencia genética respecto al resto de la población. Se sabe que hay personas, entre el 1 y 3 % de la población, que pueden sobrevivir sin problemas durmiendo una o dos horas al día. Esto se debe a una mutación del gen DEC2 que permite a estas personas dormir menos de la cuenta.  

¿Puede el resto de la población probar con éxito una de las agendas polifásicas propuestas? No está nada claro. Hay mucho camino que recorrer todavía para saber qué pasa exactamente en nuestro cerebro durante las distintas fases del sueño, y las consecuencias de dormir mucho menos de la cuenta (hay que recordar que algunas de estas agendas están pensadas para descansar sólo tres horas), no han sido estudiadas en el largo plazo.

De lo que no cabe duda es de que la convicción de que es necesario dormir ocho horas es sólo una convicción. No está nada claro que sea adecuada para toda la gente, y mucho menos que tengamos que dormir del tirón. Muchos de los trastornos del sueño son provocados por la ansiedad que nos causa levantarnos en medio de la noche, sin saber qué hacer. Quizás sólo forme parte de tu patrón natural de sueño, levántate, haz algo productivo, y vuelve a la cama pasada una hora. Quizás es una solución mucho más eficaz que tomar una pastilla.

This article originally appeared on El Confidencial