Consumo fantasma. Mitos, verdades y soluciones

El consumo fantasma es el consumo de electricidad de los aparatos electrónicos conectados permanentemente a la red. O dicho de otro modo, el consumo de los aparatos cuando están en “stand by”, listos para ser usados en cualquier momento con un mando a distancia o con pulsar un botón.

Se estima que el consumo fantasma supone entre un 7 y un 11% del consumo eléctrico de un hogar medio, lo cual no es baladí, pues según IDAE, cada hogar español consume unos 3.000 kWh de electricidad al año, con un precio entre 0,13 y 0,15 euros el kWh. Así, si hacemos los cálculos, descubrimos que el consumo fantasma supone entre 32 y 58 euros al año, lo que da para algún gadget o muchas cervezas.

Sin embargo, existen muchos mitos en torno a este consumo invisible, como que los cargadores de móvil gastan la misma electricidad si los dejamos enchufados (aunque no esté el móvil conectado o ya se haya cargado) o que el ordenador en reposo consumo casi como si estuviera encendido.

En Xataka vamos a intentar desvelar la verdad detrás de alguno de estos mitos y daros soluciones para mitigar el impacto del consumo fantasma en vuestra factura, así como información para juzgar si es algo que os merece la pena asumir, ya sea por comodidad o porque no os sale rentable tomar las medidas necesarias.

¿Qué es el consumo fantasma?

Consumo fantasma - transformador

El consumo fantasma se debe a que todos los aparatos disponen de un transformador que adapta el voltaje (de los 230V de la red eléctrica a los que necesite el aparato) a través de dos bobinas (la primaria y la secundaria). La primaria queda siempre conectada a la red eléctrica, por lo que se produce un consumo debido a la resistencia de la bobina.

Además, muchos aparatos disponen de algún tipo de indicador, como un piloto de luz o un pequeño reloj que marca la hora (o parpadea eternamente en 00:00), y esto también produce un pequeño consumo.

En los aparatos eléctricos analógicos esto no se producía, ya que el interruptor era una llave que se encontraba antes de la primera bobina, evitando que el aparato consumiera electricidad cuando no estuviera en funcionamiento.

¿Cuánto consume cada aparato en stand by

Consumo fantasma - 2

Se estima que el consumo medio de un aparato en standby es de unos 5W, aunque la realidad es que hay mucha disparidad entre los diferentes aparatos e incluso entre diferentes marcas y modelos. A continuación tenéis una tabla con los valores aproximados según la OCU y los que he obtenido yo en mi casa.

En el comedor
Estimado (W) Medición propia (W) Gasto anual estimado (€) Gasto propio estimado (€)
Televisión 2 0,7 2,98 1,04
Videoconsola 4 1,1 (Xbox), 2,3 (Wii) 5,96 5,07
TDT 5 7,45
Teléfono inalámbrico 4 1,2 (Philips) 5,96 1,79
DVD 4 5,96
Minicadena 6 4,5 (LG) 8,94 6,07
En el despacho
Estimado (W) Medición (W) Gasto anual estimado (€) Gasto anual estimado (€)
Ordenador 5 2 (iMac) 7,45 2,98
Portátil 4 1 (Macbook) 5,96 1,49
Monitor LCD 1 1,49
Router 8 7 (Vodafone) 11,91 10,43
Impresora 8 6 (HP) 11,91 8,94
En la cocina
Estimado (W) Medición propia (W) Gasto anual estimado (€) Gasto propio estimado (€)
Microondas 4 2,1 5,96 3,13
Maquina de café 5 1,7 7,45 2,53
Totales 60 29,6 89,40 44,10

Como se puede comprobar, hay bastante disparidad entre los datos “oficiales” y las mediciones que yo he hecho, por lo que mi primera recomendación es que os hagáis con un medidor de consumo eléctrico como el que he utilizado. Cuestan entre 15 y 25 euros y miden el voltaje, la intensidad y el consumo de cualquier aparato que enchufemos con un margen de error del 0,5% y un sensibilidad mínima de entre 0,25W y 0,5W según el modelo y el fabricante.

Consumo fantasma - 2

Por otro lado, hay que matizar que los consumos de algunos aparatos como el Router o el teléfono inalámbrico no son técnicamente en stand by, sino en funcionamiento. Mientras que en mi caso, el consumo del ordenador era en reposo, no en stand by, lo cual resuelve uno de los mitos: el ordenador en reposo no consume prácticamente nada, aunque es posible que los modelos más antiguos sí consuman algo más en reposo.

¿Y qué pasa con los cargadores de los móviles?

Sobre los cargadores de móviles y tablets he oído de todo, pero sobre todo dos cosas. Por un lado, que dejar el cargador enchufado consume casi como si estuviéramos cargando el móvil; por el otro, que si dejamos cargando el móvil una vez completada la carga, seguirá consumiendo electricidad.

Consumo fantasma - 4

Resumiendo y sin rodeos: ambos mitos son falsos. Cuando tenemos un cargador enchufado pero sin tener el móvil conectado (ya sea con el cable puesto o sin él) su consumo es inferior a 0,2W. De hecho, para que mi medidor de consumo detectara un consumo “fantasma” de 0,5W he tenido que conectar cuatro cargadores a un alargador, pues hasta con tres no detectaba nada (recordemos que tiene una sensibilidad mínima de 0,5W).

Convertido en euros, ese consumo fantasma es insignificante. Incluso suponiendo que nos dejamos un cargador enchufado las 24 horas del día durante los 365 días del año –algo poco real, porque al menos lo usaremos para cargar el móvil por la noche– estamos hablando de un consumo de menos de 2kW en todo el año, es decir, menos de 30 céntimos. Tardaríamos lustros en amortizar cualquier sistema para reducir ese consumo invisible.

De la misma manera, cuando estamos cargando el móvil y éste completa su carga, el consumo baja de los aproximadamente 7,5W (12W si es una tablet) que muestra mientras se carga a menos de 2W, que es más o menos el consumo del móvil en reposo. Así que no pasa nada por dejar cargando el móvil más tiempo del estrictamente necesario ya que con esos 2W nos estamos ahorrando gastar batería, que tendríamos que cargar de nuevo igualmente. Otra cosa es lo que pueda afectar a la vida útil de la batería.

¿Qué puedo hacer para reducir el consumo fantasma?

Consumo fantasma - 5

Ahora que ya sabemos qué es el consumo fantasma y cómo afecta a nuestro consumo eléctrico, la siguiente que debemos hacer es preguntarnos qué podemos hacer parar reducir ese consumo fantasma. Aquí tenéis algunos consejos:

  • Mirar bien el consumo en reposo de los aparatos electrónicos antes de adquirirlos. Los fabricantes ofrecen esta información al consumidor (mi tele prometía 0,3W en reposo, y aunque gasta 0,7W, está lejos de los 4W de otros modelos) así que podemos incluir el consumo en reposo en el proceso de decisión de compra.
  • Utilizar regletas con interruptor, para poder apagar de forma sencilla un conjunto de aparatos que no necesitamos que estén conectados siempre, como pueda ser la impresora, la minicadena, las videoconsolas…
  • Usar temporizadores para desconectar automáticamente aparatos que no utilicemos de noche, como pueda ser el termo eléctrico, la televisión y, de nuevo, las impresoras, minicadenas y videoconsolas que rara vez empleamos de madrugada.
Regleta anti stand by
  • La opción más inteligente, sin embargo, es utilizar regletas especiales con eliminador de Stand By. Las hay de dos tipos: unas que tienen un enchufe principal, y que cuando detectan una bajada del consumo del aparato conectado a ese enchufe apagan el resto de periféricos (suelen tener otro enchufe que no se apaga nunca, como para un teléfono o un router) y otras con un pequeño receptor que podemos configurar para encender y apagar la regleta con alguna tecla del mando a distancia de nuestra televisión, así, al apagar la televisión, apagamos todos los periféricos que tengamos asociados (barras de sonido, mini cadenas, videoconsolas…), y luego al encenderla se vuelven a activar los periféricos. La ventaja de estas últimas es que nos evitamos el consumo fantasma de lo que esté enchufado en el enchufe principal.

Todos estos aparatos los podemos encontrar en grandes superficies de ferretería y tiendas especializadas de internet, y su precio rara vez supera los 25-30 euros, por lo que es fácil amortizarlos en un par de años ahorrándonos el consumo fantasma.

Imagen | Wikimedia Commons

Este  artículo apareció originalmente en  Xataka

Dormir ocho horas seguidas por las noches no es la norma, es un mito

Durante toda la vida nos han dicho que lo saludable es dormir ocho horas seguidas al día. Pero ¿en qué se basa? ¿No hay otras formas saludables de dormir?

Durante toda la vida nos han dicho que lo saludable es dormir ocho horas seguidas al día. Se trata de una cifra comúnmente aceptada que, aunque muchos no alcancemos, consideramos ideal. Pero ¿en qué se basa? ¿No hay otras formas saludables de dormir?Lo cierto es que hay numerosos estudios científicos que atacan esta idea tan extendida en nuestra sociedad. Y no son nuevos. En la década de los 90 el psiquiatra Thomas Wehr dejó a oscuras a un grupo de personas 14 horas diarias durante un mes. A la cuarta semana los individuos habían adquirido un patrón de sueño muy diferente al esperado: primero dormían durante cuatro horas y luego se despertaban durante una o dos antes de caer en otro sueño de cuatro.

Hoy en día puede parecer un patrón de sueño extravagante, y poco saludable, pero como han mostrado numerosos historiadores, el sueño bifásico (dividido en dos segmentos) fue el más habitual hasta la llegada de la luz artificial.

Los humanos dormían en dos periodos de dos horas, separados por una fase de vigilia en mitad de la noche que duraba una hora o más“El patrón de sueño dominante, desde tiempos inmemoriales, era bifásico”, asegura Roger Ekirch, historiador del sueño de la Universidad Virginia Tech y autor de At Day´s Close: Night in Times Past (W. W. Norton & Company, 2006). “Los humanos dormían en dos bloques de cuatro horas, separados por un periodo de vigilia en mitad de la noche, que duraba una hora o más. Durante este tiempo, algunas personas se quedaban en la cama, rezaban, pensaban sobre sus sueños o hablaban con sus maridos. Otras se levantaban y realizaban diversas tareas e, incluso, visitaban a sus vecinos antes de volver a la cama”.

Las referencias a un “primer sueño” o “sueño profundo” y un “segundo sueño” o “sueño matutino” abundan en todo tipo de textos de la época preindustrial, pero a medida que se fue extendiendo el uso de la luz eléctrica este tipo de sueño bifásico se fue olvidando y desapareció por completo. “Ahora la gente lo llama insomnio”, explica Ekirch, que está convencido de que muchos trastornos del sueño no son más que distintas formas de dormir.

¿Existen patrones de sueño alternativos?

La realidad es que, siguiendo nuestra obsesión por regularlo y controlarlo todo, hemos olvidado que no todos tenemos los mismos patrones de sueño. Puede que algunas personas se adapten bien al sueño monofásico propio de las ocho horas seguidas, pero otras no necesitan dormir tanto, o se adaptan mejor a otros patrones.

“Todos somos diferentes”, asegura Matt Bianchi, director de la división del sueño del Hospital General de Massachusetts en un artículo de Business Insider. “Algunas personas beben cafeína y se alteran, otras no. Así que hay personas que se ajustan mejor al sueño polifásico y otras que se duermen en el coche y tienen un accidente”.

Hay muchas personas, no precisamente improductivas, que sabemos tenían agendas de sueño polifásicas. Leonardo da Vinci, Thomas Edison, Nikola Tesla, Buckminster Fuller o Margaret Tatcher, entre otros muchos, dormían como mucho cuatro horas por la noche, pero echaban una pequeña siesta a lo largo del día. Se trata, además, de un fenómeno muy extendido en el reino animal. Según un estudio publicado en 2007 en el Journal of Sleep, la mayoría de especies duermen siguiendo agendas polifásicas.

Además del monofásico y el bifásico, hay tres patrones de sueño experimentales, que diversas personas aseguran haber logrado seguir con éxito:

  • Dymaxion

Esta agenda del sueño lleva el nombre de una marca ideada por el visionario diseñador estadounidense Buckminster Fuller, acrónimo de dynamic, maximum y tension. El famoso arquitecto se apañaba con cuatro siestas de 30 minutos cada 6 horas, lo que le permitió dejar una prolífica obra. ¿Su secreto? No lo sabemos con certeza, pero su biógrafo J. Baldwin asegura que era capaz de quedarse dormido en sólo 30 segundos.

  • Uberman

Se trata esta de una agenda de sueño ideada por Pure Doxyk, una mítica investigadora amateur del sueño polifásico, muy popular entre los defensores de formas distintas de dormir. Consiste en seis siestas de entre 20 y 30 minutos cada cuatro horas. En total se duerme unas tres horas al día.

Steve Pavlina, un conocido speaker motivacional,  probó suerte con esta agenda y asegura que le fue muy bien. Regresó al sueño monofásico por aburrimiento.

  • Everyman

Supuestamente fue Pure Doxyk de nuevo quien inventó esta agenda: un sueño de tres horas al día más tres siestas de 20 minutos. La pionera durmiente experimental asegura que se trata de una versión mejorada de Uberman, que permite gestionar mejor el tiempo a lo largo del día.

Una teoría muy discutida

Hay personas que parecen adaptarse con facilidad a este tipo de horarios del sueño pero, en ningún caso, deben probarse si se planea conducir, operar maquinaria pesada o tomar decisiones importantes en el periodo de adaptación. No todos podemos seguir este tipo de horarios, y quizás tengas que volver a dormir como lo hacías antes.

Los críticos de los patrones de sueño polifásicos –que abundan– insisten en que este tipo de agendas no permiten alcanzar la fase de sueño REM, supuestamente, la más profunda de todas. Sus defensores, por el contrario, insisten en que no sabemos a ciencia cierta para qué sirve ésta, y no hay evidencias que demuestren que las personas duerman peor por no alcanzarla. “Probablemente tengo una visión más cínica que el resto, pero no creo que sepamos qué parte del sueño [la fase REM o la que no] es más reparadora”, asegura Bianchi.

Muchos de los trastornos del sueño son provocados por la ansiedad que nos causa levantarnos en medio de la noche, algo que puede ser completamente normalHay estudiosos que creen que las personas que logran seguir una agenda polifásica con total normalidad tienen una diferencia genética respecto al resto de la población. Se sabe que hay personas, entre el 1 y 3 % de la población, que pueden sobrevivir sin problemas durmiendo una o dos horas al día. Esto se debe a una mutación del gen DEC2 que permite a estas personas dormir menos de la cuenta.  

¿Puede el resto de la población probar con éxito una de las agendas polifásicas propuestas? No está nada claro. Hay mucho camino que recorrer todavía para saber qué pasa exactamente en nuestro cerebro durante las distintas fases del sueño, y las consecuencias de dormir mucho menos de la cuenta (hay que recordar que algunas de estas agendas están pensadas para descansar sólo tres horas), no han sido estudiadas en el largo plazo.

De lo que no cabe duda es de que la convicción de que es necesario dormir ocho horas es sólo una convicción. No está nada claro que sea adecuada para toda la gente, y mucho menos que tengamos que dormir del tirón. Muchos de los trastornos del sueño son provocados por la ansiedad que nos causa levantarnos en medio de la noche, sin saber qué hacer. Quizás sólo forme parte de tu patrón natural de sueño, levántate, haz algo productivo, y vuelve a la cama pasada una hora. Quizás es una solución mucho más eficaz que tomar una pastilla.

This article originally appeared on El Confidencial